El Alma de Cristo, Anima Christi, es del siglo XIV y San Ignacio de Loyola la puso al principio de sus Ejercicios. Cada línea es un pedido corto, y esa forma es la que la hace fácil para los chicos: se puede aprender una línea por día en las semanas antes de la comunión.
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
Anima Christi, siglo XIVPara el día de la comunión
Los catequistas suelen sugerir que el chico elija una oración para rezar en silencio después de comulgar por primera vez. Ésta funciona porque es concreta: no hay que entender teología para pedir «óyeme» o «No permitas que me aparte de ti». Se la puede escribir en la tarjeta que le dan los padrinos.
Un recuerdo que se queda con él
A los nueve o diez años los chicos ya distinguen un adorno de algo que vale la pena guardar. María Cerca va con la tarjeta de comunión, mide 5 cm y se para sola en la mesa de luz. Para los invitados se pide desde 10 unidades, con la fecha de la comunión impresa en cada tarjeta.

