El Magníficat está en el Evangelio de Lucas. María, embarazada y recién llegada a casa de Isabel, canta. No es una oración de pedido: es de agradecimiento por algo que todavía no pasó. La Iglesia lo reza todas las tardes en las Vísperas, y muchos lo rezan el primer día de algo: una casa nueva, un trabajo, la facultad.
Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
Lucas 1, 46-55 (Libro del Pueblo de Dios)Por qué para una nueva etapa
Porque lo canta alguien que acaba de decir que sí sin tener nada asegurado. El que se muda solo, el que egresa, el que arranca un trabajo lejos, está en ese mismo lugar: agradecido y un poco asustado. El Magníficat pone las dos cosas juntas y no las acomoda.
Para el primer día en un lugar nuevo
Muchos lo rezan la primera noche en un departamento nuevo, con las cajas sin abrir. Si conocés a alguien que empieza, María Cerca va con la tarjeta de nueva etapa, que pide que María acompañe este comienzo abriendo camino con paz y esperanza. Entra en cualquier caja y el primer día ya está parada en la mesa de luz.

