Oh Señora mía es una consagración: no pide, entrega. Se atribuye a San Francisco de Sales y se hizo popular en los colegios religiosos, donde generaciones de chicos la rezaron cada mañana. Por eso tantas mujeres la saben de memoria sin recordar dónde la aprendieron, y por eso vuelve cuando son madres.
Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.
Consagración tradicional a la VirgenRezarla por los hijos
La costumbre es simple: en vez de «yo me ofrezco», se ofrece al hijo por su nombre. Los ojos, los oídos y la lengua de ese hijo quedan en manos de María por ese día. Muchas la rezan mientras los chicos duermen, y muchas la siguen rezando cuando los hijos ya son grandes y viven lejos.
Un regalo para el Día de la Madre
Si tu mamá es de rezar, regalarle esta oración escrita a mano ya dice mucho. Si querés que además tenga a María a la vista, María Cerca va con la tarjeta para mamá, que agradece todo lo que da y le pide a la Virgen que la cuide. Se queda en la mesa de luz, donde ella la va a ver cada mañana.

